EL MANGRULLO


Año 1 - Nro. 5 / 1 de diciembre de 2000
Editora responsable: Raquel M. Barthe
mangrullo@sion.com
www.angelfire.com/stars/rbarthe

Boletín dedicado a la Literatura Infantil y a la Lectura


(Este boletín se publicó por primera vez, bajo el nombre de El Mirador, en Cuba en diciembre de 1997 y ahora se reedita en la lista El Mangrullo).

El Mangrullo en Internet
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SUMARIO

1 - La pandilla de Protón - Raquel M. Barthe
2 - Qué leer
3 - Cómo suscribirse y desuscribirse a las listas


La pandilla de Protón*


Comencé mi carrera de escritora tratando de complacer un pedido de mi hija; quería llenar un bache.

Cuando una pequeña tiene una temprana vocación lectora, sabe elegir sus lecturas; sabe exactamente qué le gusta y desea leer, pero no siempre logra encontrarlo.

En aquella época, compraba muchos libros para su biblioteca y me esmeraba en la selección; elegía cuidadosamente los libros de acuerdo a las editoriales, autores y directores de colección que garantizaban la calidad literaria de los libros. También leía las críticas de los expertos en literatura infantil, que me ayudaban a determinar cuáles libros eran los adecuados. Sin embargo, muchos de ellos (demasiados) no tenían eco en el entusiasmo de mi hija, que comenzaba su lectura y, luego de las primeras páginas, lo devolvía al estante de la biblioteca para permanecer allí sin llamar su atención. Otros, en cambio, eran leídos y releídos infinidad de veces, sin importar su grueso volumen, la falta de ilustraciones o la tipografía pequeña.

Mi pregunta fue entonces, ¿por qué aquellos libros, considerados por los expertos como muy buenos, aburrían a los chicos? ¿Por qué los libros que los chicos valorizaban, no pertenecían a esa clase "muy buena"? ¿Acaso era imposible atrapar el interés infantil, escribiendo historias divertidas que al mismo tiempo mantuvieran la calidad literaria?

Y, a pedido de mi hija Morgana, comencé a escribir.

Los chicos eran sinceros en sus críticas y yo sabía siempre cuándo una historia tenía éxito y cuándo no.

Así llegué a una de mis primeras publicaciones, que resultó singularmente bien acogida entre el público infantil.

La crítica adulta no me trató de la misma manera. El libro se terminó de imprimir en noviembre de 1986 y tuve la oportunidad de presentarlo para la Faja de Honor de la S.A.D.E./1987. Ese año, se declaró desierto el premio en la categoría "Literatura Infantil". Hubiese preferido que alguien la ganara porque, de esa manera, me quedaba el consuelo de pensar que había escritores mejores que yo, pero un premio desierto significa que todos los que nos presentamos éramos "muy malos".

No obstante, el libro comenzó a venderse bien y empecé a recibir invitaciones de escuelas donde mis lectores me revelaron importantes verdades. Ellos me enseñaron a conocer mi propio libro a través de una óptica infantil y auténtica.

El librero responsable de esas ventas masivas, ya en confianza, me confesó que su primera impresión del libro, había sido negativa. Luego de leerlo, concluyó que se trataba de una historia simple, lineal y "pasatista", de fácil lectura y sin valores literarios recomendables y, finalmente, lo desechó.

Por la noche, oyó hablar por teléfono a su hijo de 11 años, quien recomendaba un libro a un compañero, poniendo en sus palabras gran entusiasmo y prometiendo prestárselo al día siguiente. Y la conversación terminó con un, "por fin una escritora que escribe algo para nosotros".

Un libro así recomendado entre pares, tenía que ser, indudablemente, un éxito comercial y un buen negocio para un librero que se especializaba en literatura infantil y en la venta de libros en las escuelas. Decidió entonces indagar por el título del libro mencionado. Para su sorpresa, resultó ser el mismo que el había rechazado y que ahora volvía a leer desde otra óptica.

La pandilla de Protón continuó vendiéndose bien y agotó su primera edición tres años más tarde. Y durante esos tres años de visitas a las escuelas y del contacto directo con mis lectores, yo seguí aprendiendo lo que ellos me enseñaron de mi propia obra.

Algo que llamaba mi atención, porque se repetía invariablemente, era el conflicto que provocaba el final de la historia:. los lectores de 4to.; 5to. y 6to. años de EGB, insistían en que tenía un final "trágico", mientras que los de 7mo. año planteaban que el final era "triste".

Entre las palabras "trágico" y "triste", hay gran diferencia y su uso no podía ser casual en estas etapas diferentes de la vida, pero a esa edad los lectores son todavía demasiado intuitivos y, aunque no los razonan ni pueden verbalizarlos, captan los mensajes subyacentes que impactan sus emociones más allá del intelecto y de la "lectura comprensiva", y yo debí esperar hasta que una niñita de 5to. año, finalmente, me aclarase la situación: ante su reclamo de final trágico, objeté que no había tal tragedia, puesto que nadie moría; el personaje sólo se rompía una pierna. La contestación, que me sorprendió, fue: "cómo que no se muere nadie; Protón se murió". Sólo entonces comprendí que para ellos el karting cobraba tanta importancia, a través de la historia, que se convertía en un personaje más y en él se depositaba la tragedia de la muerte física. El tema de la muerte estaba presente en la historia, pero a través de un símbolo: Protón.

Si en el accidente hubiese muerto Eleuterio, piloto del karting, el tema de la muerte hubiese sido un "golpe bajo", perdiéndose el recurso literario de la metáfora.

Aclarado este punto, aún me faltaba resolver el final "triste" que mencionaban los lectores de 7mo. año, pero entonces la situación me resultó más clara. Un texto literario tiene un plural de lecturas y estos lectores estaban haciendo otra lectura del mismo final. Ellos estaban pasando por una crisis debida a la inminente pérdida de la infancia, que dejarían atrás al terminar (entonces terminaban) la escuela primaria y, por ello, veían en Protón el símbolo de la muerte de esa etapa de la vida, que sólo es triste y no trágica, ya que abre las puertas a otra etapa, aún desconocida, pero que vale la pena vivir.

En el libro Con éste sí, con éste no**, Ruth Mehl, desde su óptica adulta de lo que es la infancia, analiza el final, en una ficha crítica del libro, de la siguiente manera: "Y el final del relato deja un sentimiento de frustración. Porque los protagonistas, después de trabajar duro, pierden la carrera y el karting en un accidente."

Luego de mi experiencia de años dialogando con lectores de esa edad, pienso que no hay tal frustración. El lector no se siente frustrado por la pérdida de un objeto material de especial valor, como si se le hubiera roto un juguete muy querido: Protón es otro personaje y muere.

Además, el crítico adulto tiene un concepto de competencia que linda con la rivalidad. Y, desde la rivalidad, lo único importante pasa a ser el premio y ser "el mejor", sin importar descubrir el propio valer.

Pero, llevar a Protón a la carrera significa la búsqueda de sí mismo descubriendo las propias capacidades y limitaciones. Compararse con sus pares, es la única forma de llegar a conocerse a sí mismo y, al competir con un oponente casi tan bueno como Protón, queda demostrada la superioridad del karting Nro. 5 que toma la delantera con facilidad y sólo permite obtener el premio al Nro. 8 porque un accidente lo saca de la carrera. No puede considerarse entonces que Protón haya perdido la carrera, sino desde un punto de vista adulto.

Nunca encontré un lector infantil que se refiriera a Protón como a un perdedor.

Entre el lector y el escritor no siempre se establece una relación directa. Muchas veces interfieren los estudiosos de la literatura infantil, que obran como mediadores alejando al niño del placer de la lectura.

También en las escuelas, en el afán de lograr (y evaluar) una comprensión lectora, los docentes olvidan que una lectura valorativa es superior a una lectura comprensiva, aunque no necesariamente deba ser posterior. Ambas están en diferentes niveles, pero sin un antes y un después. Y, de esta manera, insisten en ejercicios que destruyen aquella lectura connotativa que el niño realizaba intuitivamente y con placer. Para el maestro deja de tener importancia lo que el lector siente frente al texto literario para importar lo que razona frente al mismo.

Y también en este aspecto fue notable lo que aprendí en mis recorridas por las escuelas: en un encuentro con tres sextos años, recibí la pregunta, "¿cuántos personajes hay en La pandilla de Protón?". Para entonces yo ya había aprendido que Protón también podía ser un personaje y contesté que eso no dependía de la obra, sino del lector y que eran ellos quienes debían decidir si la importancia del karting dentro del relato lo transformaba o no, en personaje. Inmediatamente se notó un malestar y un cuchicheo que la maestra acalló con un, "bueno, chicos, eso después lo discutiremos en clase"

Finalizada la entrevista, y a solas, la maestra me confesó que la pregunta había sido causa de desacuerdos, ya que cuando los alumnos "debieron hacer el análisis literario", todos insistieron en que los personajes eran seis, mientras que ella corrigió, explicando que sólo los humanos lo eran y, por lo tanto, "los personajes eran cinco".

Aproximadamente sesenta personas (abrumadora mayoría) sostuvieron una postura unánime, que fue rebatida por una sola. Y esta sola persona únicamente cambió de idea frente a alguien que consideró con mayor autoridad.

Sin embargo en la actualidad los docentes proclaman a viva voz las teorías constructivistas y sostienen que "no es el maestro el quien enseña, sino el alumno quien aprende". Pero parecería que esta teoría es aceptada solamente cuando el maestro tiene la última palabra y enseña su verdad sin escuchar ni aceptar la del alumno; ni siquiera cuando éstos son mayoría.

A pesar de las críticas literarias, me considero una escritora de éxito porque son los chicos (los verdaderos destinatarios de mi literatura) quienes me aceptan y me eligen. Ellos se identifican con lo que escribo porque quizá yo comprenda su realidad, me identifique con ellos y respete sus ritmos, entonces es fácil entenderse y compartir las historias. Historias donde "pasan cosas desde las primeros cinco líneas".

Y yo sigo escribiendo lo que ellos desean leer y no, lo que el adulto desea que lean. No escribo para chicos, sino desde los chicos. No pretendo que mis libros sean ejemplificadores ni ideales; no pretendo enseñar lo que deben aprender. Sólo quiero que disfruten de un arte, el arte de la Literatura, de la misma manera que lo hacemos los adultos, buscando el placer y la gratuidad de la lectura; dejándonos invadir por las emociones y sensibilizando nuestros sentidos en un acto de lectura creativa y recreativa.

Quizá cuando los adultos logren ver a la infancia como realmente es y no como quisieran que fuese, se escribirán y se editaran libros más apropiados para potenciar la capacidad lectora del niño; y la lectura retornará a ocupar el espacio del ocio y de las bibliotecas, en lugar de compulsarse a través de la escuela. El libro volverá a ser un artículo de consumo y un objeto que puede comprarse, en lugar de fotocopiarse.

Raquel M. Barthe


* La pandilla de Protón / Raquel M. Barthe. - 3a. ed. - (Colección El Mirador. Serie El Balcón). -- Buenos Aires : Guadalupe, 1996.(Guadalupe on Line - Osvaldo López, Jefe de Ventas de Editorial Guadalupe nos informa que las novedades pueden consultarse en el sitio www.editorialguadalupe.com.ar/novedades.htm y establecer comunicación por ventas@editorialguadalupe.com.ar.)

** Con este sí, con este no : más de 500 fichas de literatura infantil argentina / Ruth Mehl. - Buenos Aires : Colihue, 1992.


Qué leer

MARCELA PAZ, (seudónimo), 1904-1985. Papelucho / Esther Huneeus. - 67ª ed. - Santiago de Chile : Editorial Universitaria, 1993. - 112 p. : il. ; 18 cm. -- ISBN 956-11-0311-6

Recensión:

Relato escrito en forma de diario, por su protagonista, un niño de ocho años, que narra sus aventuras cotidianas. Papelucho es un chico travieso que nos descubre su manera de ver el mundo y de relacionarse con él, compartiendo con el lector los sentimientos infantiles. El éxito de esta obra, tanto en reediciones como en traducciones a numerosos idiomas, hizo que se continuase en una docena de libros que mantienen el estilo y lenguaje espontáneo de los niños.


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