EL MANGRULLO


Año 1 Número 6 - 1 de enero de 2001
Editora responsable: Raquel M. Barthe
mangrullo@sion.com
www.angelfire.com/stars/rbarthe

Revista dedicada a la Literatura Infantil y a la Lectura
Desde 1997, la primera revista virtual argentina en su especialidad
(Esta revista se publicó por primera vez, bajo el nombre de El Mirador, en Cuba en diciembre de 1997 y ahora se reedita en la lista El Mangrullo)
Un espacio de todos y para todos

El Mangrullo en Internet
usuarios.sion.com/mangrullo

ISSN 1666-3403 (correo electrónico)
ISSN 1666-3411 (en línea)

«Porque todos los niños deben tener libertad para leer y leer para ser libres.»
Raquel M. Barthe

Premio Pregonero a Periodismo en Internet 2007; Premio Nacional Madre Teresa de Calcuta Edición 2007, por el esfuerzo que significa hacer una revista electrónica, actualizarla, mejorarla y ponerla para el disfrute de todos, fomentando la lectura de niños y jóvenes en el gran y ancho mundo virtual y Premio Nacional y Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil: «La Hormiguita Viajera» Edición 2011.

Las notas firmadas expresan ideas y opiniones que son responsabilidad de los firmantes y que no representan necesariamente las ideas y opiniones de EL MANGRULLO.
Para su reproducción, solicitar autorización a la dirección de esta publicación.

Los artículos de esta publicación no pueden ser reproducidos ni en todo ni en parte, ni registrados en, ni transmitidos por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, impresión de cualquier tipo o cualquier otro, sin el permiso previo, y por escrito, de su editora.


SUMARIO:

1 - La Literatura Infantil, ¿educa?: libro - lectura - literatura, por Raquel M. Barthe
2 - Qué leer
3 - CORREO DE LA GENTE LECTORA


LA LITERATURA INFANTIL, ¿EDUCA? : LECTURA - LIBRO - LITERATURA 1

por Raquel M. Barthe

Considerando que la lectura es el eje de todo posible aprendizaje escolar, es comprensible la actual preocupación por la falta de interés que adultos y niños demuestran por esta actividad.
Los términos "lectura - libro - literatura" son parecidos, pero conceptualmente diferentes. Además, están tan íntimamente ligados entre sí, que llegamos a confundirlos.
Está bien claro que los libros necesitan de la lectura, sin embargo la lectura puede prescindir de ellos.
¿Por qué es necesario aclarar estas semejanzas y diferencias? Volvamos al principio: la lectura como eje de todo aprendizaje escolar. Y, por supuesto, allí comienza la tarea de la escuela: en la "alfabetización".
Supongamos entonces que ya se ha cumplido esa primera etapa y que el niño aprendió a leer, ¿es un lector?
Si no ha descubierto el placer de leer, difícilmente pueda llegar a la práctica de la lectura, simplemente por falta de entrenamiento y esta dificultad le hará mucho más ardua la tarea escolar.
Es entonces cuando los maestros re-descubren la importancia de esos aliados tan valiosos que son los "libros"; esas "maquinitas de leer". Y ya tenemos la "lectura" y los "libros", pero, ¿cuáles libros?
La mayoría de las definiciones de "libro", se refiere al objeto material y no al libro como medio de intercambio cultural y lo que cuenta en la tarea del educador es, fundamentalmente, su contenido y el uso que de él se haga.
El libro representa, como ya dije, sólo una parte de las lecturas posibles y no debemos perder de vista que ahora el objetivo es "generar una capacidad lectora" en ese aluno ya alfabetizado; ayudarlo a descubrir el placer de leer y, para ello, recurrimos a la "literatura". Pero ésta no es un instrumento didáctico, sino que tiene un fin en sí misma y, citando lo que dice Robert Escarpit al respecto, en su libro "La sociología de la literatura" (Bs. As. : Los libros del mirasol, 1962. -- p. 31), "Es literatura toda lectura no funcional, la que satisfaga una necesidad cultural no utilitaria".
Por supuesto, encontraremos infinitas definiciones, ya que aún no se ha llegado a un acuerdo al respecto.
No obstante, podríamos aceptar que la "literatura" es también el arte de expresar, a través de la palabra, la realidad en toda su complejidad y cuyo fin principal es la gratuidad y la obtención de un placer estético. Por lo tanto, de acuerdo a esta última definición, seria erróneo hablar de "buena literatura" o de "mala literatura", puesto que es imposible calificar al arte como "bueno" o "malo". Es arte o no lo es; es literatura o no lo es. En todo caso lo difícil será determinar si es o no es literatura.
Cuando el educador olvida estas características fundamentales de la literatura, puede hacer un uso no literario de la obra literaria.
Y, a mi parecer, es en este punto donde se produce la falla educativa. Y debo aclarar que cuando hablo de educadores, no sólo me refiero a la escuela. Educadores son los padres, los maestros y todos los adultos que de manera directa o indirecta influyen en la educación de las nuevas generaciones que cada vez resultan menos lectoras.
Pero no basta con intentar definir el concepto de literatura, ya que este conocimiento, por sí solo, no nos garantiza que podamos potenciar la capacidad lectora de los chicos. Sigue persistiendo en el adulto la censura (disfrazada de selección) respecto de lo que el joven lector debe leer y se arroga el derecho de la elección de los textos a los que podrá tener acceso.
Es así como, la mayoría de las veces, el libro elegido no resulta adecuado, sencillamente, por no hallarse dentro de los intereses del lector y, lo que es aun peor, no está de acuerdo con la etapa evolutiva de ese lector.
Hay una tendencia a creer que la calidad literaria de un libro está en relación directa con la edad a la que se adecua ese texto literario. Y este criterio nos hace suponer, entonces, que la calidad humana crece y mejora con la edad del sujeto. En consecuencia, también se supone que si le damos lecturas para chicos de mayor edad, podemos apurar su crecimiento y mejorar, por ende, su calidad humana. De esta manera, encontramos en manuales de 6to. año EGB, textos de Borges.
La literatura infantil adecuada a chicos de ese año, es elegida por los maestros de 4to. año, por ejemplo, y así sucesivamente y sin que nadie tenga en cuenta la psicología del lector y el interés que esa temática pueda despertar en él.
"El libro constituye un producto manufacturado distribuido comercialmente, sometido a la ley de la oferta y la demanda" (R. Escarpit. -- op. it), y su éxito comercial y venta masiva nos puede hacer suponer que estamos ante un hecho de igual éxito, puesto que si "la literatura es la rama producción de la industria del libro, la lectura es su rama consumo" (R. Escarpit. -- op. it) y, ante la venta del libro, se puede interpretar un éxito literario. Sin embargo, ya que es el adulto quien selecciona el libro que ha de leer el niño, es también, el mismo adulto, el responsable de la demanda de dichos libros y, por lo tanto, su venta y su lectura no garantizan la función literaria de los mismos.
El placer de leer y la gratuidad de ese placer, se pierden ante las exigencias del adulto-educador que hace, como dije antes, un uso no literario de la obra literaria porque está usando a la misma como "instrumento pedagógico".
El peligro de estas situaciones es que, en lugar de preparar a los niños para futuras lecturas en su condición de adultos bibliófilos que buscaran y descubrirán autores como Borges, se logra que a ese escritor, que conocieron prematuramente en 6to. año, no deseen, por ejemplo, volver a leerlo jamás.
Si, por el contrario, despertamos el goce de la lectura, su "hambre" de leer será insaciable; nunca se satisfará, llevándolo a la permanente búsqueda de nuevos autores y de lecturas más complejas y profundas.
El educador no se conforma con abrirle las puertas de la literatura y regalarles las llaves a sus discípulos. No, él es impaciente y quiere ver su obra terminada y poder evaluarla y, olvidándose de que la educación es un proceso dialéctico que acompaña toda la vida del individuo, cierra la misma puerta que antes abrió, le pone llave y se guarda la misma.
Muchas veces pregunté a profesores de literatura de nivel secundario, por que exigían a sus alumnos la lectura de ciertas obras muy buenas pero que, obviamente, los chicos detestaban causando un profundo rechazo hacia todo tipo de lecturas. Y la contestación que invariablemente recibí fue la misma: "quizá sea esta la única oportunidad que tengan de acceder a una buena literatura" (SIC).
Y no me cabe la menor duda de que así ha de ser, puesto que ese profesor es de los que cierran con llave la puerta tras de sí y no se detienen a pensar "para qué" les sirvió esa lectura realizada de esa manera.
Lo mismo pienso de las adaptaciones de los grandes clásicos para los niños. Toda adaptación o resumen de una obra, le hace perder su calidad literaria; entonces, ¿qué gana un chico que lee "La Ilíada", por ejemplo, en versión infantil? Sólo conocerá el argumento y lo más probable será que nunca llegue a leer la verdadera obra ya que, "la leí cuando era chico y ya sé cómo es", de la misma forma que se podrá decir "no leo el libro porque ya vi la película". Entonces: en la infancia no leyó literatura y como adulto, tampoco.
Además, considero que toda "adaptación", "texto abreviado", "resumen", etc., encubre una censura del original.
Calmemos nuestra ansiedad y dejemos que puedan crecer respetándoles su propio ritmo.
Cuando yo era chica, tenía una tortuga y mi abuela la empujaba con su bastón mientras decía, "pobrecita, así no va a llegar nunca". Esta imagen que entonces me causaba mucha gracia porque no podía comprender cuál podía ser el apuro de la tortuga ni a dónde se suponía que debía llegar, la recuerdo frecuentemente como un ejemplo metafórico de lo que yo llamo "ansiedad pedagógica".
Además, estoy convencida de que si nuestros objetivos son claros, debemos confiar un poco más en nuestra tarea de educadores y en todo lo que lella nos lleva a realizar. Entreguémosles la llave para que recorran solos el camino que nosotros les mostramos y que ellos elegirán libremente.
Somos mediadores entre la lectura y el lector y, como tales, debemos transformarnos en "acercadores" y no en "alejadores".

____________

1 XVII Feria Internacional del Libro "del autor al lector"
15 de abril de 1991 - Mesa redonda organizada por la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil Argentina (ALIJA), "La literatura infantil, ¿educa?"
Publicado en "Novedades Educativas" - Año 4 Nro. 20


QUÉ LEER

I

Caminantes : lecturas 4 / Proyecto, dirección y edición e.d.b. – Buenos Aires : e.d.b., 2000. – 104 p. : il. col ; 27 cm. – (Colección 2° ciclo E.G.B), -- ISBN 978-9252-92-6



II

Caminantes : lecturas 5 / Proyecto, dirección y edición e.d.b. – Buenos Aires : e.d.b., 2000. – 120 p. : il. col ; 27 cm. – (Colección 2° ciclo E.G.B), -- ISBN 978-9252-93-4


III

Caminantes : lecturas 6 / Proyecto, dirección y edición e.d.b. – Buenos Aires : e.d.b., 2000. – 104 p. : il. col ; 27 cm. – (Colección 2° ciclo E.G.B), -- ISBN 978-9252-94-2



CORREO DE GENTE LECTORA


I

Ha llamado especialmente mi atención Caminantes en varios aspectos. En principio encuentro un material absolutamente diferente, no sólo por la presentación, sino por la armonía de todos sus elementos. Cada uno de ellos forma una unidad integrada: portada, títulos, diagramación, dibujos, color. Y lo más importante es que puede decirse, sin que sea una repetición de compromiso: aquí hay creatividad; hay una puerta abierta para la creatividad, tanto del docente como del niño; una puerta abierta a la libertad.
Si observamos qué hay de diferente con los otros materiales que han pasado por mis manos, diría que empezamos por una presentación pensada en la edad del alumno. Lenguaje escrito e imagen se complementan, lo que permite una visualización del todo. El para texto funciona a modo de resumen del texto. Se pone en práctica una estrategia novedosa para el recorrido de un libro, de lectura de un índice, de la presentación, de la confección de las fichas de autor, del acercamiento a los autores, con las fotografías y una espontaneidad que hace parecerlos a seres humanos. La selección, ¡muy acertada!
Y me detengo en las actividades. Con gran alegría observo que no hay ejercicios gramaticales, ni tediosas búsquedas de palabras, ni extensas y aburridas preguntas acerca del tema, de los personajes, de cómo, cuándo, dónde y por qué sucedió lo que sucedió. Sostengo que los textos literarios son para gozarlos, para recrearlos, para ayudarnos a imaginar, crear, en libertad. Por eso los encuentro muy bien pensados.
Para dar un ejemplo concreto, Lecturas 6 comienza con una actividad global, donde el docente puede aplicar el diagrama de afinidad (estrategia que pone en marcha el razonamiento y la lógica). En Amor, cacerolas y ladrones, en El voto abre caminos y en “Juicio crítico y comentario” encontramos, por fin, las pautas para desarrollar el texto argumentativo (tan olvidado en nuestra escuela, y base de cualquier texto explicativo-expositivo, trabajo de investigación, monografía, y para explicar cualquier idea, tema, necesidad, pedido en cada momento de nuestra vida). Hay iniciación al reportaje (pide al alumno que lo escriba con sus propias palabras). Hay valoración del trabajo hecho por el niño, con la mentalidad del niño. Se elabora el texto informativo: definición, descripción, nota y texto literario; relato, cuento y todo lo que por placer, quiera el alumno recrear y crear un nuevo texto a partir del que ha leído. Porque ésa es la verdadera postura del lector: ser un lector activo que pueda reescribir o imaginar un nuevo texto.
Nuevamente, agradezco su atención porque he leído con placer y con satisfacción de docente y (por qué no) de niña, un material DIFERENTE.

Prof. Zulma Prina
Supervisora Escolar Adjunta DE 12°
Secretaría de Educación - GCBA


Consultar el ndice

Arriba

Principal