Myriam Nissensohn "Cuentos para leer en el café" (ISBN 987-02-0296-9)

LOS CUBIERTOS DE LUNCH

......Hay características personales, ocultas en algún lugar, esperando que se de la ocasión para ponerse en evidencia.

......Los primeros diez años de casados los vivimos dedicados a las obligaciones de mantener y administrar, con muy pocos recursos, un hogar de los que han dado en llamar de familia tipo : matrimonio con dos hijos.

......Un golpe de suerte, de esos que llegan cuando se está en el lugar adecuado y en el momento justo, cambió en muy poco tiempo nuestra situación económica. Todo fue demasiado rápido y así no pudimos evitar caer en snobismos y ridiculeces.

......Nos mudamos a un piso, en uno de los barrios más paquetes de la ciudad, que decoramos según directivas de un arquitecto de moda, obsesivo de la estética, que se horrorizaba ante cualquier propuesta nuestra de conservar algo de lo poco que teníamos y a lo que nos unía cierto afecto. Desaparecieron portarretratos de plástico, libros mal encuadernados, carpetitas bordadas en punto cruz y regalos de casamiento todavía embalados por falta de uso.

......Pisos, empapelados, azulejos, mármoles, artefactos, cuadros y absolutamente todo el menaje fue comprado de acuerdo con las recomendaciones, casi órdenes, que recibíamos.

......Paralelamente ocurrían otros cambios que apenas podíamos analizar. Colegio particular para los chicos; asociarnos a un club donde compramos un departamento para pasar los fines de semana: hacer amistades, que parecían duraderas, en las canchas de tenis primero y más adelante en la de golf.

......Finalmente no era tan difícil. Había que usar la ropa adecuada, tomar profesores para todo lo que presentara alguna dificultad, leer algún best seller, ver estrenos y comer luego en un buen restaurante, pasar el verano en una playa de moda y viajar, en nuestro otoño, a Europa y, una escapada en primavera, al Caribe. Y, la humildad, pasaba por tener un psicoanalista, supuestamente para conocerse y quererse a uno mismo, practicar el desapego y filosofar sobre la educación de lo hijos y como manejar la vejez de nuestros padres.

......Nos convertimos en buenos anfitriones invitando frecuentemente a nuestros nuevos amigos a comer. Yo lucía mis hermosos manteles de hilo, bordados por lejanas manos chinas o lusitanas, que luego lavaban y planchaban las monjitas de un convento de Almagro; así como el juego de copas de cristal tallado, que brillaban aún más bajo las luces de la araña veneciana, los platos de porcelana francesa, con un moderno diseño octogonal, que colocaba sobre los platos de apoyo de metal plateado y finalmente los cubiertos de plata traídos de Alemania en su estuche de cuero, que merecen un párrafo aparte. Ese juego, comprado con tanta ilusión, no tenía cubiertos de lunch, detalle que se convirtió para mí en una obsesión.

......Pasaron los años, los chicos se casaron, la casa quedó grande pero siempre teníamos amigos que venían con frecuencia a cenar. Mi fiel cocinera y la muchama de turno preparaban todo. Pero yo, a pesar de visitar periódicamente todas las casas del ramo, intentar por medio de los importadores y asistir a cuantos remates podía, no había logrado encontrar los cubiertos que le faltaban al juego.

......Quedé viuda relativamente joven y aparentaba entonces unos cuantos años menos. De los matrimonios amigos obtuve, pasados los primeros tiempos, el consuelo telefónico de las mujeres y la oferta concreta de algunos maridos.

......Llegó el tiempo de mudarme de un piso demasiado grande para mi soledad. Fui vendiendo muebles, cuadros, adornos y llegó el turno a los juegos de copas, platos y cubiertos que ya no tenían aplicación y tampoco eran apreciados por mis hijos y nueras que los veían anticuados.

......Hace varios años que vivo en un departamento de tres ambientes al que raramente viene alguien a comer. Me reúno cada tanto con algunas pocas amigas para jugar a las cartas y contar las genialidades de nuestros nietos, que vemos poco, porque van a colegios de doble turno y los fines de semana lo pasan en el campo.

......Todo esto forma parte de la historia de mi vida, pero no logro explicarme porqué, hace unos días, cuando vi finalmente en la vidriera de una casa de antigüedades, los cubiertos de lunch que había buscado tanto, los compré con la alegría que no justifican desde el oscuro cajón del aparador.

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