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Myriam Nissensohn "Cuentos para leer en el café" (ISBN 987-02-0296-9) ENSAYO SOBRE LA FRUSTRACIÓN
......Suena nuestro despertador interno o el de la mesa de luz, para el caso es lo mismo. Vamos tomando conciencia de que tenemos que levantarnos. Con una patada, que trata de ser enérgica, para ir quitándonos la modorra, apartámos sábanas y acolchado. Un pie desnudo se apoya en el piso y al bajar el otro ya estamos tratando de calzarnos las pantuflas que, inevitablemente, se han corrido debajo de la cama. Tambaleantes y tratando de abrir los ojos lo suficiente para no llevarnos nada por delante, llegamos al baño. La meada se impone por derecho propio. Solemos levantar las dos tapas que cubren púdicamente al indoro, pero para nuestra desgracia, puede ocurrir que no levantemos ninguna y allá va el chorro chocando con azulejos y lo que encuentra, hasta que logramos encauzarlo por el camino correcto. ......Dejamos caer el piyama al piso, donde quedará hasta que alguien - vaya uno a saber quien - lo levante. Nosotros nos ocupamos de meternos bajo la ducha, que de puro breve, sólo nos sirve par terminar de despertarnos y recordarnos el día de trabajo que tenemos por delante. * ......Esperamos el domingo para el desquite. El baño puede ser a la hora que nos levantamos, habiendo tomado o no el desayuno, habiendo o no hecho el amor, habiendo o no leído el diario. Pero es otra cosa. Tenemos tiempo para disfrutarlo y empezamos con la ceremonia. Ponemos a llenar la bañera, probamos varias veces con el codo, como hacían nuestras madres, si la temperatura del agua es la adecuada, mientras tanto vamos agregándole, con la minuciosidad propia de una receta magistral, las delicadezas que ahora compartimos, sin falsos pudores, con nuestras mujeres. Un puñado de sales aromáticas, perlas de aceites lubricantes y unas algas que nos vendieron en la dietética, asegurándonos sus propiedades afrodisíacas. El nivel de agua sube, igual que nuestro difrute anticipado. ......Entonces, lentamente, entramos una pierna, luego la otra y empezamos la ya no tan fácil tarea de irnos agachando, hasta cubrir nuestro cuerpo con la espuma y jugar soplando las burbujas. Sí, es el momento de mayor relax e, inconcientemente, del temor de que tanto placer se frustre. ......Y tenía que suceder el día de mi cumpleaños. Estaba yo en el preciso momento de flexionar las piernas, tratando cuidadosamente de colocar mis posaderas en el fondo de la bañera, cuando sonó el timbre del portero eléctrico. Por un instante dudé de continuar con mis intentos sumergibles o rebobinar la escena. Por suerte mi mujer atendió...pero un segundo después escuché: - tu madre tenía que ser a estas horas - vístete rápido querido, yo sigo durmiendo. ......Al abrir la puerta vi la cara radiante de mi madre, asomando por encima de un gran paquete, al tiempo que me decía: ¡felicidades hijito! vas a ver que lindos juegos de toalla te compré. |