EN BUSCA DEL FINAL PERDIDO

Autobiografía desautorizada

......Quiero llegar al extremo oculto de la madeja, aproximarme a esa verdad que no suele ser fácil de aceptar. Me impaciento con los recuerdos que no logro ordenar y delatan olvidos. Confundo y mezclo - no...no puede ser...cuando ocurrió aquello era el año...pero entonces no era la casa... - Si me apuro y tiro del cabo suelto, el nudo se aprieta, lo siento en la garganta, se me nubla la vista. No, llorar no resuelve nada, si quiero entender necesito la mente fría.

*

...¿ Qué querés ser cuando seas grande ? - bombero, gaucho, soldado, lechero, vigilante - eran las respuestas que solían dar mis hermanos - A mí me preguntaban menos, dando por descontada la mía: casarme y tener muchos hijos. No vaya a ser que se me ocurriera otra, como ser médica o actriz. Terminaría soltera o casquivana. Esta calificación suena extraña ahora, pero por algo me surge, si la habré escuchado de boca de...mejor no digo su nombre, esta historia no es acusatoria ni revanchista, es sólo para mí, para entender, ahora que tanto pasado yace en algún lugar.

......Crecí en el seno de una familia de clase media acomodada, donde se privilegiaba ostensiblemente la inteligencia. No se que sentirían mis hermanos, pero yo, la excepción que confirmaba la regla, no encajaba entre ellos. Me dominaba una sensación de no pertenencia. Siempre tuve mala memoria, de otra forma no se explica que hasta mi adolescencia mis recuerdos sean como pinceladas sueltas sobre grandes espacios blancos y ahora los quiero poner por escrito con la esperanza de que algunos iluminen su entorno, armando así el cuadro que ya intuyo como una mezcla abstracto-figurativa, con inevitables toques naif, ya que una de las pocas cosas que reconozco en mí es una dosis fatal de ingenuidad.

*

......El chalet del barrio de Balvanera; la magnolia que perfumaba el patio del fondo; la muñeca de trapo, primera y única, regalo de la Dolores; los lavados con té de manzanilla para que mi pelo conservara su color rubio; aquel vestido rojo con el que esperaba impresionar a mi papá; los primeros zapatos de señorita, cuando cumplí los doce años, que mostré, no sin cierta coquetería, a mi hermano mayor.

......En un intento por darle un significado a estas aparentes trivialidades, me parece ver, a la distancia, una niña romántica, buscando afecto. Seductora por naturleza o mandato familiar. Pero mejor no me aparto del camino de los recuerdos:

......La casa de dos plantas en las cercanías del Parque Rivadavia; el frío frente de mármol con el pesado portón de hierro seguido de la escalera que dejaba, a un costado, el garaje y exhibía, antes de desembocar en el amplio hall, un gran nicho, donde la estatua de una apolínea mujer, que justificaba su presencia sosteniendo un farol, parecía anunciar que nos esperaba una verdader mansión. Y así era, cuatro amplios ambientes de recepción, revestimientos de madera y seda en las paredes, pisos de mármol de Carrara o parqué ensamblado formando dibujos de variados tonos, techos con molduras que daban al ambiente un estilo de opulencia ya que arquitectónicamente no lo sabría definir.

......Esa misma indefinición la puedo trasladar para volver a hablar de mi familia, la que habitaba esa casona, de seis dormitorios, terrazas e inmenso jardín con patio andaluz, fuentes y una pérgola que servía de soporte a la vid silvestre con sus sarmientos y raacimos. Un inmenso aromo y una pared medianera coloreada con jazmines de España, por sobre la que se asomaban las miradas renegridas de los innumerables hijos del matrimonio italiano encargado de la casa de un monseñor. Ojos curiosos imaginando seguramente que en aquella esplendidez sólo podía reinar la felicidad.

......Cómo se puede definir aquello, en lo que uno está inmerso, mientras trata de definirse a sí mismo, en un esfuerzo por diferenciarse de una masa amorfa con poderosos tentáculos. Mi paso de casi diez años por esa casa sombría, con un jardín que oxigenaba pulmones y permitía soñar, no puede sino haber dejado huellas indelebles. ¿Cómo vivíamos en medio del frío de los mármoles, la pretendida calidez de la seda y la madera y la ausencia de besos y caricias?

......Competencias ante la necesidad de demostrar lo que se esperaba de cada uno, envidia ante los logros reales o supuestos, mentiras para acrecentar méritos, maldades justificadas por azarosas alianzas, todo esto en un marco de intelectualidad y aparente respeto que lo hacía aún más frío.

......Releo el párrafo y quisiera poder suavizarlo. ¿ Fue todo realmente así ? Trato de encontrar momentos dulces o tan siquiera amables. Surge inmediatamente la imágen de mi abuelo materno. Todos coinciden en que me parezco físicamente a él. Yo siento que fui la heredera de su espíritu: abuelo querido, iluminaste mi vida adolescente. Hubiera querido ser tu primera nieta y disfrutarte más. Partiste una calurosa noche de marzo de 1940, después de esperarme para despedirnos y entonces, con una gran paz en tu rostro, apoyaste por última vez tu cabeza en la almohada de tu lecho de enfermo.

......Siempre asocié a mi madre con la estirpe de mi abuelo, toda su capacidad de dulzura y caricias, que de alguna manera pude ver en sus ojos, quedó encerrada con las muertes tempranas de dos hijos, a lo que no llegué a conocer. Creo que mis hermanos y yo somos en gran parte consecuencia de aquellas trágicas muertes, sobre las que no se nos permitió hablar y cada uno manejó, como pudo, esos silencios poblados de incógnitas y angustias.

,,,,,,Reconozco que alimenté falacias en perjuicio propio. Más tarde comprendí que no hay nada en perjuicio propio que no termine también dañando a otros. Lo que marcó los próximos años de mi vida fue creer que inteligencia y capacidad de dar amor no podían coexistir. Así fue como logré escapar de la soledad afectiva en aras de un amor del que eperaba sólo lo que más había anhelado siempre, amar a alguien que me tuviera en cuenta.

......Mis recuerdos van lentamente rellenando espacios en la pantalla donse se inscribe mi vida. Veo ahora extenderse las pinceladas naif, que de alguna manera responden a una pregunta que alguien me hiciera aún recientemente: ¿vos sos o te hacés la ingenua? . ¿Cómo llegué a creer que podía escapar del designio familiar? Quise deseperadamente extender mis brazos, prodigar caricias, desentenderme de todo lo que tuviera que ver con "lo intelectual". Creo que sólo fui patética, yo y mi vida construída sobre un montón de errores.

*

......Ya inmersa en la vejez, me cuesta aceptar que los mandatos familiares, lo mamado en los orígenes, fueran tan determinantes de una personalidad que desconoció sus límites y capacidades, trantando en vano de entrar en el mundo de los afectos. Pero ahora como nunca, voy sintiendo una gran paz. Supongo que hice lo que pude así como lo deben haber hecho los que me quisieron y también los que me hicieron daño. Este convencimiento es mi mejor receta para ir acercándome lentamente a lo que supongo se llama un final feliz y, si estoy en el camino acertado, tengo todo el tiempo del mundo...

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