Myriam Nissensohn "Cuentos para leer en el café" (ISBN 987-02-0296-9)

LA VIDA DE LOS GUSANOS

...y ellos viven de nuestras muertes

......

......Cuando era chico y no tan chico, dijo Juan, me gustaba coleccionar toda clase de bichos, al punto que mi madre dejó de entrar en mi cuarto para no ver lo que ella llamaba: "esos repugnantes frascos".

......Julia y Alfredo sonrieron distraídamente mientras no dejaban de dar cuenta de la picada que compartían los cuatro.

......Ana, su mujer, lo miró orgullosa. Siempre tuviste curiosidad por otras vidas, dijo, no por casualidad sos médico. Quizás tengas razón, contestó Juan, con la mirada puesta en un imaginario punto lejano. Entonces soñaba con ser un investigador y escribir sobre la vida de los insectos, ser algo así como un Maeterlinck de los gusanos. Y, prosiguió, mirando ya directamente a su mujer: ¿Recuerdas que mi padre no se sintió feliz cuando le dije que quería estudiar medicina? Te va a absorber todo el tiempo, me decía, tendrás qu estudiar permanentemente, nunca será suficiente lo que sepas. Él me veía demasiado curioso para quedarme sólo con el mundo de la salud y las enfermedades.

...- ¿ No estás contento con tu elección ? - preguntó Julia ahora con más interés.

......Juan demoró unos segundos en contestar.

...- Diría que sí, que de alguna manera lo estoy. También es cierto que la profesión no me dejó tiempo para filosofar acerca de la felicidad.....

...- Ah! terció Ana riendo, sería bueno saber qué lugar ocupo yo en tus indefinidos sentimientos...si formo parte de tu felicidad o todavía no lo sabes.

......Juan pasó por alto el comentario de su mujer.

......Alfredo, unos años mayor que Juan, saacó una vez más el tema de su cercana jubilación. No me quejo por la paga que pueda recibir cuando me jubile, dijo, por suerte tenemos otros recursos. Me preocupa lo que haré con mi tiempo libre. Veo a jubilados jugar ajedrez en las plazas, otros pasar las horas en un mesa de truco, "y el siete de oros tintineando esperanza", como escribió Borges, pero no tengo ninguno de esos vicios sociales sólo soy un lector solitario...Juan ¿ me estás escuchando ?.

......Juan reaccionó, se había quedado absorto en sus pensamientos, muchas veces le había inquietado el mismo tema. Sin embargo había escuchado las últimas palabras de Alfredo: " un lector solitario" y se preguntó cuanto hacía que no leía más que los números del Annals of Internal Medicine que le llegaban puntualmente por correo.

*

......Ana volvió a la casa después de visitar a su madre en Rosario. Había estado ausente casi dos semanas. Aunque hacía ese viaje con frecuencia esta vez, estando lejos, sintió un desasosiego que no le era familiar. Ultimamente y más desde que Juan cumplió sesenta años lo veía cambiado. Leía muchas veces hasta altas horas de la noche. En ocasiones lo encontraba escribiendo pero ante sus pregunas siempre decía que eran cosas intrascendentes que no tenían mejor destino que la papelera.

*

......Ese invierno Juan decidió ocupar la habitación del fondo. No quiero molestarte con la luz encendida hasta tarde, le dijo a su mujer. Pocos días después llegó con una gran caja de cartón. Ana lo miró extrañada. El procesador viene a reemplazar a la vieja Remington, dijo Juan, y se encaminó directamente a su nueva pieza.

......Ana veía con inquietud cómo Juan iba dejando poco a poco sus mañanas de hospital. Tardes enteras las pasaba en su refugio. Sus intentos de hablar con él chocaban con sus distraídas respuestas que la dejaban siempre insatisfecha.

......¿ Hoy tampoco vas al consultorio ? era una pregunta ya habitual en Ana... No tengo gente citada respondía Juan lacónicamene.

......Era evidente que estaba abandonando la profesión. Todavía le faltaban algunos años para jubilarse. No tenían reservas, siempre estuvieron de acuerdo en gastar el dinero en viajes. No hay mejor inversión que esa, solía decir Juan. Ahora el dinero estaba escaseando. Las salidas con amigos fueron espaciándose. No, gracias, hoy no podemos. En cualquier momento los llamamos. Excusas de Juan. No tenía interés ni dinero.

......Ana no podía realizar ningún gasto extra. Dejó de concurrir semanalmente a la peluquería. Se fue encontrando cada vez más sola. Abandonó el hábito de ir todos los jueves a tomar el té con sus amigas y finalmente lo que más lamentó fue no poder renovar el abono del gimnasio. .

......Un llamado de la compañía de teléfonos la puso al tanto de una deuda que ya tenía un último plazo de pago. Aprovechando una ausencia de Juan, Ana revisó cajones de su escritorio y encontró como había empezado a sospechar, facturas impagas acumuladas desordenadamente. La situación era mucho má seria de lo que había pensado.

*

......Promediaba el otoño. Una mañana Juan emergió de la pieza del fondo con una carpeta llena de papeles. Había concluído su primera novela. Voy a dejar copias en varias editoriales, le dijo a su mujer, veré cual me ofrece el contrato más ventajoso. Ana se quedó perpleja, ni siquiera le había dado la oportunidad de leerla ni había mencionado sobre qué estaba escribiendo. Sintió agudizarse el miedo qué últimamente la embargaba.

......Esa noche Juan volvió tarde, cansado. Su ropa no lucía prolija, sus escasos cabellos que siempre mantuvo cuidadosamente peinados se veían desordenados. No importa, dijo, son todos iguales, puras excusas, sólo juegan a ganar...voy a ser mi propio editor, ya verán.

*

......La casa en que vivían desde hacía casi cuarenta años, era herencia de los padres de Juan. Ana se encontró pensando frecuentemente en la idea de venderla y comprar algo más chico. Por fin un día se decidió a encarar el tema. Juan: podríamos vender la casa, ir a vivir a un departamento...hacer una diferencia. Juan desvió la mirada. Tuve que hacer una hipoteca, dijo, es increíble como se acumularon deudas...A Ana le faltó aire para contestarle y se dejó caer en un sillón. Una congoja largamente reprimida se resolvió en llanto. Juan se dió cuenta de pronto que había un mundo fuera de los límites de su novela al que hacía mucho no le prestaba atención. No llores, mujer, dijo, acariciándole la cabeza, estoy seguro de que todo se va a arreglar. Tengo que terminar de pagar la edición y entonces se lamentarán los que no quisieron escucharme...y luego de un momento de silencio agregó: pude vender el auto después de todo iba perdiendo valor y casi no lo necesitamos. Con el rostro desencajado y los ojos llorosos, Ana escuchó su propia voz diciendo: mañana mismo me voy a Rosario. Ya sabes estaré allí con mamá. Siento que me está alcanzando toda esta locura. Juan pareció no comprender lo que le estaba pasando a su mujer. Vendo la casa, dijo, levanto la hipoteca y...No, lo interrumpió Ana, definitivamente no.

*

......Ya solo. Juan buscaba una reparación. No podía volver atrás. Amaba a Ana y "La Vida de los Gusanos" era finalmente el hijo que no había tenido. Vendió la casa, pagó la hipoteca y todo lo que pudo recuperar se lo hizo llegar a su mujer con una breve carta en la que le decía cuanto la extrañaba y que mantenía firme la esperanza de que un día, no muy lejano, volverían a estar juntos.

*

......Por suerte ese crudo invierno iba llegando a su fin. Se le hacía duro salir todas las mañanas para visitar librerías donde le habían reibido su obra en consignación. La respuesta era siempre la misma: cada vez lee menos gente, tenga paciencia...nosotros se los ponemos en la vidriera pero...

......La habitación, en un segundo piso por escaleras, estaba malamente iluminada por una sola bombilla de luz que colgaba desnuda del techo.

......Las paredes de color rosa sucio, una cama sin respaldo, un viejo perchero, un armario de dos puertas con un espejo en el que evitaba mirarse y la única silla donde había dejado caer su abrigo, eran su nueva realidad.

......Esa noche una repentina languidez le recordó que no había probado bocado dese el desayuno. No podía darse el lujo de recordar su hambre vergonzante. Juntaría algunas monedas revisando los bolsillos. Le servirían para el desayuno de mañana.

......Juan se acostó rendido. Por un momento pensó en escuchar el último informativo del día. No, se dijo, mejor apago la luz y me duermo ya - estoy realmente muerto -.

......Nadie en el viejo edificio lo vió salir o entrar en esos días. Cuando lo hallaron, en su pequeño cuarto, su mano aferraba, rígida, un ejemplar de "La Vida de los Gusanos".

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