Myriam Nissensohn "Cuentos para leer en el café" (ISBN 987-02-0296-9)

HECHO A MEDIDA

Seleccionado Certamen Letras Latinoamericanas Año 2003

.......No me llamo Lucía Fuentes, pero ocupo el departamento "B" del cuarto piso y, después de dudar apenas un momento, abrí el sobre que acababa de aparecer por debajo de la puerta.

Leí entonces...

"Querida Lucía:

.......Esta es una despedida. Sabes bien lo que a mi me cuesta escribir una carta pero cuando te tengo al lado, me falta coraje. Creo que de alguna forma preveías este final. Entiendo también que no te es fácil aceptarlo. No existe otra mujer y no quisiera hacerte sufrir porque te guardo cariño y respeto, pero ambos sabemos que con esto no se construye una pareja. No dudo de que el hombre indicado aparecerá en tu vida. Espero que sea muy pronto. Siempre ocuparás una parte importante en mi historia. Rodolfo"

.......Me sentí Lucía despechada y me llené de bronca. Un cobarde más -pensé- y seguramente mentiroso. _¿Cómo podía ese tal Rodolfo equivocar la dirección al escribir el sobre para la mujer que había amado ?.

.......No conocía a ninguna Lucía en el edificio. Tampoco averiguaría entre los vecinos, de modo que sin saber bien que hacer con la carta, la guardé en un cajón.

.......A pesar mío, cada tanto me sorprencía imaginando posibles historias entre Lucía y Rodolfo. Una noche de insomnio solitario, la releí atentamente, como queriendo desentrañar, más allá de las palabras, qué me decían de su dueño.

......Así como las manos de un hombre me hablan de él, lo mismo me ocurre con la letra. Lo visualicé bien masculino, hasta podía sentir el olor de su cuerpo. Una cara, en la que se fueron definiendo rasgos bien marcados, el pelo castaño oscuro rozándole las orejas, ojos claros de mirada intencionada y una boca de sonrisa ancha y hoyuelos cómplices.

......Ya, en ese estado de encantamiento, del que no quería salir, continué dibujándolo: alto, cuello donde llegaba a insinuarse la nuez, hombros derechos, abundante vello, pero sin exagerar...

......De ahí pasé complaciente a su sexo y, mientras empezaba a sentir el cosquilleo del deseo en el mío, el de él se me aparecía turgente. Cerré los ojos, mis manos ayudaron a suplir concreciones y me dejé ir.

......La dichosa carta, confieso, pasó a ser un recurso efectivo al que recurría en muchas noches de soledad. La imagen de Rodolfo ya estaba armada y venía a mí con su disposción habitual.

......No hacía mucho que vivía en aquel departamento de dos ambientes, en una torre de dos cuerpos y quince pisos. Un sábado compartí el ascensor con dos mujeres que nunca había visto. Presté atención a su charla a partir de que oí nombrar a una tal Lucía.

......-Desde que Rodolfo la dejó - agragaba una de ellas - no logra salir de su depresión.

......-Es increíble, yo jamás podría enamorarme de un hombre oculto en pliegues de grasa, dijo la otra.

.......Llegué a mi piso. Tuve que controlar el temblor tratando de poner la llave en la cerradura. Fui directamente a la mesa de noche. Abrí el cajón resuelta a destruir la carta y, junto con ella, a ese impensado Rodolfo.Empecé a cerrar, con rabia, el puño con la hoja de papel, a la que yo le había dado vida, por última vez en mi mano. De pronto me detuve y una sonrisa empezó a asomarse en mi boca...Mi Rodolfo es decididamente direfente.

 

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