Myriam Nissensohn "Cuentos para leer en el café" (ISBN 987-02-0296-9)

NEGRITUD

Mis antepasados:

......Circa 1810: pareja de negros esclavos (desconozco sus nombres) - 1850: Uno de sus bisnietos, Benito Demonteagudo, mi tatarabuelo, 1er. liberto. - 1870: Celedonia, mi bisabuela. 1892: Gabino Demonteagudo y Mercedes (cuarterona) mis abuelos. - 1926: Washington Demonteagudo y Helvia Dracher, mis padres.

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......Cuando me dicen: -¿vos? - vos no pareces negra, entiendo que creen estar halagándome, pero la indignación que me causa me lleva a publicar aquí, junto con mis otros cuentos, esta breve historia de mis antepasados.

......Yo, Dominga Demonteagudo, nací en Buenos Aires en 1950. Por entonces llegaron legalmente a las costas del Río de la Plata inmigrantes africanos, muchos de ellos provenientes de Cabo Verde. Mis antepasados, en cambio, fueron capturados y traídos esclavos a estas tierras, hace aproximadamente doscientos años, como resultado de una cacería humana, en algún lugar impreciso de Africa Occidental. Somos muy pocos los que tenemos la suerte de tener un conocimiento relativo sobre cómo y dónde transcurrieron las vidas de varias generaciones de nuestros ancestros, debido al celo que tuvieron los colonizadores de separar etnias y familias, en su propósito de dominar, no sólo por la fuerza y el maltrato físico, sino también rompiendo todo tipo de cohesión y transmisión de lenguas, costumbres y creencias.

......En mi caso se dio en gran medida la tradición oral a partir de la circunstancia de que alrededor de 1810, en la hacienda de la familia de Don Joaquín Monteagudo, se uniera un pareja de jóvenes esclavos que tuvieron una descendencia muy numerosa.

......Era frecuente en las familias argentinas medir su condición social por la cantidad de sirvientes negros y resultaba más económico alimentar a los nacidos en sus propiedades que comprar esclavos en el mercado.

......Las mujeres fueron destinadas, en su mayoría, a las tareas domésticas. Cada integrante de la familia a la que pertenecían, disponía de varias esclavas para que atendieran necesidades y caprichos de amas y amos que incluía el abuso sexual.

......El trato era totalmente arbitrario y podía pasar de afectuoso a cruel, sin que mediara motivo necesario alguno, más allá del estado de ánimo del dueño.

......Los hombres, si bien se ocupaban de trabajos pesados, como cortar y acarrear leña y los mas diversos servicios, solían ser alquilados para trabajar en plantaciones o minas, lo que redituaba a sus dueños una ganancia extra.

......Las mujeres, especialmente esclavas jóvenes y apetecibles, eran vendidas o alquiladas a un nuevo amo, como simple transacción económica.

......No conozco los nombres de aquella pareja que se casó en la hacienda de los Monteagudo, por lo que decidí llamarlos Celedonia y Benito, ya que esos nombres se repitieron en generaciones más cercanas. Se supone que murieron longevos, lo que no solía ocurrir en la mayoría de los casos, pero los amos que les tocaron en suerte y la cantidad de descendientes que tuvieron y les prodigaron afecto, fue sin duda, un factor determinante.

......Algunos de sus bisnietos nacieron en la misma hacienda, alrededor de 1850. La libertad de vientres se venía aplicando en forma sumamente arbitraria, siempre siguiendo más que las leyes, la conveniencia económica, tanto para conservar los esclavos como para decidir su emancipación.

......Los esclavos que lograban libertad completa eran ocupados en trabajos despreciados aún por inmigrantes blancos recién llegados. Lo poco que ganaban apenas les alcanzaba para vivir en barrios marginales y en condiciones sumamente precarias.

......Por ese entonces también se acostumbraba permitirles, a los que tenían amos, trabajos en la vía pública, siempre con el fin de aumentar los ingresos de aquellos. Así muchos fueron aprendiendo oficios y artesanías que, de alguna forma, los iba preparando para una futura libertad.

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......Uno de los bisnietos, llamado precisamente Benito, al lograr su libertad, fue inmediatamente incorporado al ejército y registrado con el apellido de sus amos, no sé si por falta de imaginación o porque nunca estaban muy seguros si no era hijo de alguno de ellos, con el agregado que, por costumbre de pertenencia, anteponían la partícula De.

......Benito Demonteagudo, mi tatarabuelo, era hijo de mulata y criollo amestizado. De él, gracias a mi bisabuela Celedonia, que vivió ciento dos años, guardo una deslucida foto, en la que está muy sonriente, flanqueado por escobas y plumeros que cuelgan de una barra colocada sobre sus hombros, tarea a la que dedicó el resto de su vida, milagrosamente salvada en la guerra de la Triple Alianza y luego en la terrible epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires.

......Gabino Demonteagudo y Mercedes, una cuarterona con sangre Charrúa, nacida en Paysandú, fueron mis abuelos paternos.

......De ellos tengo infinitos cuentos y anécdotas de la vida que llevaron negros, mulatos y zambos en el Río de la Plata.

......Aprendí también que muchas palabras que se usaban comúnmente, eran de origen africano, como: tata, tango, milonga, mandinga y bochinche y heredé el ritmo y la pasión por el candombe y el canto melancólico.

......Mis padres, Washington Demonteagudo y Helvia Dracher, hija de colonos alemanes, se conocieron y casaron en Misiones. Poco antes de nacer yo, cuarta hija mujer, se vinieron a vivir a la Capital, donde se dedicaron a vender, en un puesto de la plaza de San Telmo, sus artesanías, donde contrastaban las oscuras tallas en madera de quebracho con finos encajes de bolillo.

......Físicamente soy igual a mi madre, cabello lacio y rubio, ojos claros y piel apenas aceitunada, que con mi boca ancha y mullida, no alcanzan a delatar mi sangre negra.

......Mi esposo es negro, hijo de un agregado a la Embajada de Sudáfrica. Esto me ha traído problemas con mucha gente. Algunos todavía creen que es atracción por lo opuesto, pero yo me siento orgullosa de mis raíces. No desciendo de quienes estuvieron en aquel entonces del lado de la barbarie.

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