Myriam Nissensohn "Cuentos para leer en el café" (ISBN 987-02-0296-9)

NUNCA TE LO VOY A CONTAR

a Matilde Coronel....

..........

....- Un café y un cortado - el mozo tomaba el pedido mientras Matilde sacaba de su bolso las fotos familiares.

......Y esta es Camila. Una beba con ojos increíbles. Una bisabuela con el rostro multiplicado en sonrisas. Cuatro generaciones de mujeres. No pude dejar de sentir cierta frustración de madre y abuela sólo de varones.

......Mientras hacíamos tiempo, antes de entrar al cine, charlábamos de cosas y casos de familia. De pronto la pregunta que menos esperaba:

...- ¿No pensaste en escribir un cuento autobiográfico?

...- Hay datos de mivida en mis cuentos. Aunque más no sea, una referencia muy tangencial, que generalmente advierto después de haberla escrito...

... - Te conozco demasiado como para no haberme dado cuenta cuando se esconde algo muy tuyo enmascarado en una frase que puede parecer trivial para un lector desprevenido.

...- Bueno y...¿ no te conformas con eso ?

...- Pienso que todo el que escribe quiere fundamentalmente escribir su biografía y me pregunto porque no lo has hecho...

... - Quizá no pueda ser mi propia musa inspiradora o lo más probable es que le tenga miedo a mis recuerdos.

...- Creo que vale la pena, tu vida no fue precisamente lineal y...

......Miré el reloj. Me sentí aliviada diciendo : vamos, está por empezar la función, dejemos el tema para otro día.

*

......Ahora estoy en casa. Sentada frente al procesador e intento un primer bosquejo, buceando hacia atrás, mientras mi mente se esfuerza por respetar tiempos y espacios.

......Tengo casi tres años y hay cortinas azules en la ventana de la sala que da a la calle. Trepada al sofá, con la cara pegada al vidrio, junto a otros chicos que no alcanzo a identificar, rio y grito con entusiasmo "vigilante barriga picante" mirando confiada hacia la garita de la esquina, esperando que mi amigo gire, una vez más, y me vea para bajar corriendo. Puedo continuar con recuerdos aislados como éste: La mudanza en los años treinta, en plena crisis, desde un chalet rodeado de jardín, con altas verjas de hierro, a una típica casa chorizo con dos enormes patios donde, con mi hermano Frunco, definimos territorios. El primer amor de verano, a los siete años, por aquel chico que vi fugazmente en la pileta de la Bristol. Mi compañera de banco en la primaria, con la que intercambiamos promesas eternas, selladas con una gota de sangre de nuestros pulgares. Una adolescencia de complejos, que entraban en conflicto con mi innata coquetería.

......Mi primer amor correspondido, mezcla de ensueños, miedos, prohibiciones y encuentros vigilados. Primeros trabajos y nuevos amores. Veranos de cabalgatas y atardeceres románticos.

......Mi frustrado intento de ingreso a la Universidad en fracasada lucha contra mandatos familiares. Poco más tarde un hecho circunstancial, como suele ocurrir, sería un punto de inflexión en mi vida. Para la pregunta que se me impone ¿ casualidad o causalidad ? no tengo respuesta.

......Lo conocí en una reunión de amigos. Me puse de novia y un año más tarde me casé con un hombre cuyo primer regalo fue un par de aretes, después de haberle comentado que en mi familia ninguna mujer se perforaba las orejas. Todavía me pregunto porqué no hice caso de una señal tan evidente. Pasé más de treinta años al lado de alguien que por lo menos nunca me escuchó.

......Lo mejor de esos años fue haberme convertido en madre de dos hijos que lograron para mí el mejor título que puedo ostentar ahora: el de abuela de cuatro hermosos nietos. Ya lo era cuando junté el valor necesario, siempre y más aún en aquella época, para tomar la iniciativa del divorcio.

......Me acompañaron luego en la vida amores y afectos que respondieron a mi necesidad de reparar años de orfandad afectiva, ausencias y decepciones que el tiempo ayudó a mitigar.

......Así transcurrieron más de quince años. Ahora, pasados largamente mis setenta, el oráculo escrito en un papelito verde, que picoteaba al azar el loro de aquel mítico organillero de la calle Florida, se está cumpliendo: mis últimos años en soledad.

......Sin embargo, pocos meses atrás, tuve un encuentro donde la realidad superó con creces mis ya debilitadas fantasías.

......Pero nunca te lo voy a contar, Matilde, porque temo que te apenes pensando que tu amiga, de toda una vida, ha comenzado a fabular.

inicio