Myriam Nissensohn "Cuentos para leer en el café" (ISBN 987-02-0296-9)

ESOS OJOS TAN AMADOS

......La mirada de María Inés siempre fue la de un ingenua, reflejaba su manera confiada de ver el mundo. Incapaz de detectar maldades ajenas, con excusas siempre a mano para conductas que yo no hubiera perdonado. Hasta que acumuló tantas heridas y desdenes que un día la realidad la dejó sin opciones.

......Era la quinta hija, la del medio, entre nueve hermanos. Nunca logró integrarse con los mayores ni con los más chicos, aceptando el ser ignorada, casi desconocida, por el lugar que le había tocado dentro de la familia.

......Su tía Rosa, a la que me unía una vieja amistad, solía comentarme ciertas cosas que la preocupaban:

...- María Inés parece no necesitar espacio para hacer sus deberes, siempre los hace parada, sin quejarse ni protestar, en un rincón de la mesa del comedor mientras sus hermanos despliegan libros y útiles.

......Y unos años más tarde:

...- No sé porqué no va a bailar con sus hermanas, es evidente que la dejan de lado. Cuando le pregunto porqué se queda en casa, me suele contestar: No te preocupes tiíta, ellas se entienden muy bien...igual tengo mucho que estudiar...o cuando no le fue bien en el ingreso a la Facultad y su hermano mayor le dijo: - no vale la pena que lo vuelvas a intentar, no es para vos - no fue capaz de reaccionar.

*

......María Inés era menuda y bonita, de tipo aniñado, lo que para entonces se consideraba una ventaja. Tuvo varios pretendientes ente los amigos de los hermanos que visitaban la casa.

......Se casó finalmente con Juan, varios años mayor que ella, quien no tardó en darse cuenta de su indefensión, lo que le permitió, aún con sus dudosos valores, erigirse en amo y señor.

......Tuvo cinco hijos, todos varones, sobre los que Juan, apenas destetados, decidía todo lo referente a su educación. Los fue poniendo al cuidado de niñeras e institutrices, con el pretexto de que eran mas expertas y cuidadosas que ella.

.....En las oportunidades en que fui invitado a su casa, con motivo de alguna reunión, era común oir las críticas abiertas que le hacía Juan: " para decir eso mejor te hubieras quedado callada", " no se como te vestiste así, pareces una prostituta ". Recuerdo que tenía un dicho frecuente: " la mujer con los críos y el hombre en el puterío" y entonces largaba una risotada grosera. En esos momentos María Inés bajaba la vista para ocultar las lágrimas mientras yo trataba de contener mi indignación. Las mujeres se apresuraban a hablar de cualquier tema, alzando un poco la voz, y los hombres en general contaban algún chiste, de dudoso gusto, para aflojar la tensión.

......Los hijos, alejados en lo posible, ya que cursaban sus estudios como internos en colegios religiosos y pasaban sus vacaciones en campamentos - para que se hagan hombres - como decía Juan, fueron creciendo temerosos de un padre autoritario y lamentando la madre que les había tocado en suerte. Ya depresiva pasaba mucho tiempo en cama. El padre solía ir a los compromisos sociales sin su compañía.

......En corrillos se comentaba: qué lástima da el pobre Juan. Un hombre de éxito tener que cargar en la vida con semejante mujer...

.....Los hijos se casaron. Nueras y consuegras, influenciadas por el clima que reinaba en la casa, la ignoraban. Así la alejaron también de los nietos que fueron llegando.

......Realmente pienso que soportó demasiado, yo hubiera enloquecido mucho antes.

......Un día fue encontrada en la calle, totalmente desorientada, con un abrigo de visón sobre un camisón de seda.

......A mis ochenta años soy el único que la visita en su nuevo mundo. Habla conmigo como si recién nos conociéramos. No recuerda su historia, pasa las horas tejiendo una interminable mantilla para un nieto que siempre espera. Cuando para con el trajinar de las agujas y alza la vista, sus ojos - que amé en silencio toda la vida - tienen una mirada irremediablemente confiada.

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