Myriam Nissensohn "Cuentos para leer en el café" (ISBN 987-02-0296-9)

SÓLO VERTE

Selecionado V Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve

I.J.in memoriam...........

......Quizá infamia no sea el término justo pero no encuentro otro más adecuado en este momento. Además, a pesar de los años transcurridos, cuando vuelven esos recuerdos, sumándose a otros de características parecidas, vuelve la misma bronca. Entonces, escribo, en un nuevo intento de librarme de ella y -ahora también- en su memoria.

......No tenía más de catorce años y aparentaba menos, pero ya me sentía responsable de cosas que en realidad no me correspondían. La fecha no puedo equivocarla, era la noche del casamiento de Celia, la mayor de mis hermanas.

......Recuerdo mi vestido, en el que me veía demasiado aniñada, pero sabía la razón por la que mi madre lo eligío así -marcar una diferencia evidente respecto a mi hermana Silvia, dos años mayor que yo- a la que le permitieron usar un vestido más escotado y ajustado al cuerpo, ya que debía ser, según la costumbre de entonces, la próxima en casarse.

......La fiesta se hizo en casa de nuestros padres, aprovechando el patio andaluz y el gran jardín de atrás, especialmente iluminado para la ocasión. Cuando vi a mi hermano Nacho, charlando con dos amigos nuestros y un tercero desconocido para mí, me acerqué a ellos. Apenas cambiados los saludos y la presentación - Mariela, Isidoro - él me sorpendió invitándome a bailar y no se apartó de mí en toda la noche.

......Ya al escuchar su nombre me di cuenta que se trataba del mismo que Silvia había conocido en una salida con Nacho, hacía un par de semanas. Entonces ella me contó que era un estudiante de ingeniería y tenía veintiún años. La pregunta surgió espontánea -¿y...te gusta?- No me contestó entonces. Tiempo después vi en esa respuesta el miedo a no ser correspondida.

......Yo vivía enamorada de un chico que no vino a la fiesta por lo que me daba igual con quien bailaba esa noche y me alegré al ver que Silvia, algo tímida y acomplejada, también había encontrado compañero de baile. Ella y yo compartíamos el mismo cuarto y, cuando nos fuimos a dormir, era evidente que estaba disgustada conmigo. Su actitud para mí incomprensible -aunque no extraña a otras situaciones conflictivas entre nosotras- recién empecé a entenderla cuando Nacho y más tarde Celia, me encararon diciéndome que no les llamaba la atención que yo "poniendo ojos de enamorada" haya hecho todo lo posible por conquistar a Isidoro a sabiendas de que a Silvia le gustaba. Fueron inútiles mis explicaciones, no me creyeron.

......Isidoro, con el pretexto de su amistad con mi hermano, frecuentaba la casa. Un día me confesó que se había enamorado de mí en el primer momento en que me vió y que no había sido, precisamente aquella noche del casamiento, sino varias semanas atrás, en una reunión. Yo estaba sentada de espaldas a una ventana y el efecto de la luz, a esa hora, en mi pelo rubio, fue una imagen que no lo abandonó nunca. Reconozco que me impresionó que un muchacho "grande" se hubiera fijado en mí, pero mi corazón latía más fuerte por aquel que fuera mi primer amor y que tenía casi mi misma edad.

......Cuando le conté a mi hermano lo que le pasaba a su amigo, la respuesta fue tajante: siempre crees que todos se enamoran de vos.

*

......Han pasado más de sesenta años. A lo largo de ese tiempo, Isidoro, que se casó después de que lo hiciera yo, se las ingenió para no perder totalmente el contacto conmigo. Coincidía inesperadamente en paradas de colectivo o en la plaza donde yo llevaba a mis hijos. Después de mi divorcio solía llamarme y con el pretexto de que iba a estar cerca de mi casa me invitaba a tomar un café. Nunca tuvo una expresión fuera de lugar, muchas veces me recordaba el efecto de la luz en mis cabellos de entonces, siempre repetía que sólo quería verme.

......Esas mismas palabras las escuché, hace dos semanas, en el teléfono: ¿señora Mariela? hablo de parte del señor Isidoro, está internado y me pide insistentemente que le avise...Venga señora -la voz ya era un ruego- él quiere verla.

......Allí estuve, me di cuenta que era su despedida y, una vez más, sólo quería verme.

 

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