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Myriam Nissensohn "Cuentos para leer en el café" (ISBN 987-02-0296-9) LA ÉPOCA DE LAS VÍRGENES Seleccionado Certamen Letras Latinoamericanas 2003
......Fue en aquel tiempo de los tranvías a pedales y manivelas manejados hábilmente, y no sin cierto orgullo, por conductores uniformados mientras los guardas se afanaban en cortar y cobrar los boletos de cinco o diez centavos al tiempo que hacían sonar la campanilla indicado que el pasajero ya había logrado subir o bien había completado, sin tropiezos, su descenso a la acera. Tiempo de carros lecheros que se anunciaban con el ruido de los cascos sobre el empedrado y el vaivén de su campanilla, anticipándose al desayuno del vecindario. Del vigilante de la esquina que, amparado en su garita, decidía con un simple giro de su cuerpo y silbato mediante, quienes tendrían prioridad en el cruce. Tiempo de la libreta con tapa de hule, donde el almacenero, tomando sin apuro un lápiz apoyado en su oreja, anotaba lo que llevábamos a cuenta, mientras dejaba caer la yapa en la bolsa de las compras. Del carbonero de uñas inevitablemente negras que también vendía papa blanca, almacenada en grandes bolsas de arpillera. Tiempo de sombrereras y modistas, de medias con costuras y portaligas sobre generosos calzones de satén rosa. Tiempo de encuentros furtivos al amparo de paredones y zaguanes. * ......Alberto, el hermano mayor de mi madre, era por derecho propio la estrella de la casa. Único varón entre cinco mujeres, se había recibido de abogado a los veintiún años, ya fallecido el padre, y se esperaba que su brillo prestigiara a sus hermanas posibilitándoles mejores alianzas. ......Madres de hijas casaderas se disputaban, en forma patética, la atención de mi tío Alberto. Circulaba un cuento en el que dos cuñadas, con niñas apenas adolescentes, no se dirigieron nunca la palabra a partir de que una de ellas le reveló a mi abuela que la hija de la otra era adoptada, secreto hasta entonces celosamente guardado. Y vaya uno a saber que sangre correría por sus venas. ......Ajeno a esperanzas y confabulaciones, que crecían o se derrumbaban, mi tío disfrutaba de la vida de soltero sin apuro, donde debía atenerse a las reglas de juego de la época. Con las chicas bien, como se las identificaba, mejor no complicarse la vida. Suficiente con los compromisos sociales y los bailes organizados por los tradicionales clubes de colectividades o los típicos asaltos en las casas de familia. Para las otras cosas, estaban las prostitutas y las de cascos livianos, que se compartían, acorde a sus méritos, con los mejores amigos. ......Hubo, por ese entonces, historias con finales trágicos de niñas que, a pesar de las terribles advertencias, cedieron a impulsos propios y a mentiras ajenas, entregando su inapreciable virginidad. ......Muchos nietos fueron criados como hijos después de haber recluído, durante varias lunas, a la desgraciada bajo el dudoso cuidado de alguna comadrona en las afueras de la ciudad. * ......Los antecedentes y comienzos los escuché, en distintas versiones, según me los contaran la fiel Lorenza o mi tía Dora, que fue mucho más critica y severa con sus protagonistas, al menos al principio. ......Nadie sabe cuando mi tío Alberto comenzó a frecuentar a Gina. Hija única de inmigrantes italianos, que habían llegado al país, antiacipándose a la amenaza de una Europa en llamas. Vivían en uno de los conventillos de la cuadra, tan frecuentes entonces en el brrio de San Cristóbal. De padre albañil y madre costurera, la hermosa Gina dueña de unos ojos extrañamente claros, cabello rubio naturalmente ondeado y generoso busto, trabajaba de obrera en una fábrica de pantalones. ......La primera que se jactaba de haber alertado a mi abuela fue Dora, la mayor de mis tías, que se pasaba horas sentada tras los visillos de la ventana de la sala, ocupada en vidas ajenas ya que nunca pudo ni supo cómo hacerse cargo de la propia, y así fue como lo vio conversando y riendo con Gina. No hay hombre que no la mire, aseguraba, es ella que anda provocándolo. .....La Lorenza me contó que, en cambio, ella siempre estuvo enterada de todo, pero no iba a traicionar al niño. Su niño ya era un hombre y se había enamorado. ......La cosa pasó a mayores el día que mi abuela se encerró con el tío Alberto en su cuarto y allí se sucedieron, altenadamente, amenazas y súplicas, que fueron aumentando de tono. ....-Si seguís con tu tonto capricho, vas a ser el único responsable del desprestigio de la familia y en especial de tus hermanas. ......La voz de mi tío no alcanzaba a escucharse, me contó Lorenza, pero las reacciones de mi abuela daban cuenta de que no había logrado conmoverlo. ....-Hijo, por favor, no lo voy a resistir...con tantas chicas de familias conocidas...nunca imaginé que podrías llegar a darnos semejante disgusto...vas a ser un desdichado... ......Hubo un tiempo en que las aguas parecieron aquietarse. Alberto acompañaba a alguna de sus hermanas a fiestas y se lo veía bailar con niñas en edad de merecer, como se decía entonces.Todas las esperanzas y ansiedades de la familia estaban puestas en que se pusiera de novio. No faltaban indirectas y preguntas que mi tío iba sorteando a veces con humor y otras no pudiendo ocultar su fastidio. ......A nadie le llamó la atención que tantas noches regresara casi de madrugada, tampoco que a veces la cama amaneciera sin deshacer. Después de todo era normal que anduviera de correrías por ahí. * ......Un día, varios meses más tarde, se desató el drama familiar. Habían visto a Alberto, por un suburbio de la ciudad, llevando del brazo a una mujer embarazada. ......Un verdadero tribunal de la inquisición lo esperaba en la sala de la casa, dispuesto a lograr su arrepentimiento que, por supuesto, debía incluir el inmediato abandono de esa mujer, a la que prometían compensar con dinero ya que era lo única que debía estar buscando. ......Pasaron minutos. que parecieron una eternidad. hasta que Alberto logró decir lo que quería, después de escuchar pacientemente órdenes y reproches de todas las bocas presentes: ....-Con Gina vamos a cumplir tres meses de casados. Nuestro hijo va a nacer el mes que viene y, si es varón, llevará el nombre de su abuelo paterno. Quiero creer que él me habría comprendido, si es que se casó con vos por amor mamá. ......Mi abuela sobrevivió muchos años y pudo, finalmente, disfrutar de sus numerosos nietos. Yo me casé, hace tres años, con el mayor de los seis hijos de Alberto y Gina, mis tíos y suegros, felices representantes de aquella increíble época de las vírgenes. |